lunes, 29 de mayo de 2017

INTERVENCIÓN COMUNITARIA


LA FORMACION IDEOLOGICA DEL INDIVIDUO COMO MODO DE AGRUPACION SOCIAL

El ser humano en sus capacidades y reconocimiento como ser racional, pensante y crítico, ha ido evolucionando a través de la historia hacia una ideología más desarrollada y certera sobre la sociedad y sobre si mismo, que sustenta sus supuestos en teorías propias, como resultado de la observación y el estudio constante de si, en la interacción con el contexto y los demás individuos que se relacionan en él. A partir de esto es necesario tener en cuenta que las ideas formadas por el hombre a través del tiempo han sido generadas por la estructura económica, política y social presente en cada época referida; dentro de este marco ha de considerarse el mundo de las ideas como perspectivas individuales en respuesta a necesidades presentes que no pueden ser reducidas en la sociedad, puesto que las ideas son los elementos constitutivos del sistema social. Cabe señalar que  esta formación ideológica en el hombre se ha visto afectada por fuertes fenómenos sociales como la primera y segunda guerra mundial, la revolución industrial y la revolución francesa, entre otros sucesos que citaremos más adelante, lo que nos lleva a decir que este conjunto de acontecimientos han generado un pensamiento crítico que busca explicar la subjetividad humana y sus formas de agrupación social inconscientes en el contexto desarrollado.

Para empezar, debemos reconocer que Arthur Oncken Lovejoy fue el fundador del campo conocido con el nombre de historia de las ideas, en el cual sustenta que las ideas “irrumpen en los sistemas individuales más sólidamente estructurados y los reduce, guiada por sus propios objetivos, a sus elementos constitutivos, a lo que podríamos llamar sus ideas-elementos”[1]. Esto quiere decir que la subjetividad de la que parte, forma nuevas percepciones individuales que generan nuevos conocimientos de la estructura social y nos conlleva a crear distintos lazos sociales, como dijimos anteriormente las ideas son respuestas a las necesidades propias de cada época, nacen de una afirmación moral. Por ello se deben estudiar exclusivamente en esos contextos, sin embargo se pueden hacer referencias a la actualidad, pero sin intentar modificarla, ya que la estructura social, la época, y normas que nos rigen son diferentes. Según Robert Nisbet, las ideas-elementos esenciales de la sociología son: la comunidad, autoridad, status, lo sagrado y la alienación. Estas cinco forman sin duda, la base de los estudios sociológicos acerca de la relación del hombre con el hombre y de su formación ideológica de acuerdo a la estructura social que lo rige.

En el siglo XIX, nacen tres corrientes ideológicas posesionadas según los problemas sociales que acontecen en la época, como la revolución industrial que fue el mayor movimiento social e intelectual de la historia[2], y la revolución francesa. Estas son: el liberalismo, con su devoción por el individuo y su libertad individual (Spencer), el conservadorismo basado en la tradición medieval, comunidad y religión (Le Play), y el radicalismo con el uso del poder (Marx). “La índole de la comunidad, la localización del poder, la estratificación de la riqueza y los privilegios, el rol del individuo en la naciente sociedad de masas, la reconciliación de los valores sacros con las realidades políticas y económicas”[3], forman el conjunto de fenómenos sociales característicos de la edad moderna, en los cuales se empieza a generar un pensamiento crítico-social acerca de la influencia ideológica ocasionada en los individuos de una sociedad. Debemos reconocer que el ser humano de manera inconsciente a través del tiempo ha sido parte de la sociedad referente en cada época, y además a formado comunidades en ella, de acuerdo a ciertos intereses comunes que en muchos casos ignoramos. Como bien saben, la industrialización marco una gran brecha en la sociedad, entre el pasado feudal y los nuevos modos de producción en la división del trabajo y los status sociales. Anterior a esto, era más fácil hablar de comunidades fraternales debido al poder ejercido por la iglesia católica y su continua búsqueda por la igualdad social; en 1807, Robert Southey escribió: un pueblo puede ser demasiado rico, pues la tendencia del sistema comercial, y más específicamente del sistema fabril, es acumular riqueza más bien que distribuirla.[4] En lo anterior claramente vemos reflejado la desintegración social que ocasiono la urbanización en la época industrial. El contexto gira en torno al capital, la propiedad privada y la acumulación de riqueza, lo que causa que se pierdan los lazos emocionales con las demás personas y se genere una individualización general en la sociedad. Tenemos que la ciudad, como depósito de la industrialización se convirtió en reflejo de la pérdida de identidad comunitaria. Como lo cita Durkheim, se crean dos tipos de solidaridad en la época, la mecánica caracterizada por las relaciones derivadas de la división del trabajo, es decir, solo para potenciar o satisfacer las necesidades individuales, y la orgánica aunque muy débil, basada en los lazos emocionales, teniendo como base el seno familiar. El ser humano se vio envuelto en una pérdida de identidad cultural y social que lo integraba y ajustaba a la sociedad. En otras palabras no solo mecanizo su cuerpo al trabajo sino además mecanizo su espíritu y su mente, a tal punto que no podríamos hablar de una verdadera comunidad en esta situación, ya que se ignoraba todo proceso de integración social. Ignorancia que decayó más adelante en Francia, cuando aconteció la primera revolución profundamente ideológica, que buscaba un nuevo orden social, donde el ser humano fuera respetado integralmente y fuera reconocido como una persona poseedora de derechos legales, y se reconociera el valor de la democracia en la sociedad. En este punto, el hombre vuelve a ser una persona crítica que busca comprender el contexto y hacer valer sus ideales, pues se reconoce a sí mismo como un ente integrador de la sociedad. “la transición de una nación oprimida hacia la democracia es como el esfuerzo mediante el cual la naturaleza surge de la nada. Hay que rehacer de nuevo un pueblo si queremos hacerlo libre, destruir sus prejuicios, alterar sus costumbres, limitar sus necesidades, erradicar sus vicios y purificar sus deseos.[5] Según como lo declaro el comité de salvación publica, esta etapa era un renacer para la sociedad, y para que funcionara y se cumplieran sus expectativas era necesario crear un nuevo orden estructural que sentara sus bases en la defensa de los derechos del hombre y en el reconocimiento de la igualdad social.

Hablar de comunidad, es hablar del hombre concebido desde una totalidad, reconocido como una parte de un todo en la interacción social. Interacción que en la modernidad solo se fundamenta en la necesidad y deseo de lucro, el verdadero cooperativismo actualmente no existe. Auguste Comte, critica acerca del papel de la moral en la sociedad, como fuente de progreso en el orden social.  Nos dice, que la familia es el núcleo fundamental que nos integra con lazos emocionales a los demás, a partir de los sentimientos y las relaciones fraternales que vamos creando desde niños. Sin moral no puede haber una verdadera comunidad, el reconocimiento del otro en la sociedad como fundamento en la interacción social. Según Le Play, las poblaciones consisten, no en individuos sino en familias.[6]  Es el arraigo social generado en las relaciones sociales lo que nos hace conformar una verdadera comunidad.

Concluyendo, el pensamiento ideológico de los individuos se fundamenta en la época y la estructura sociopolítica enmarcada en el contexto al que se haga referencia.  A través de la historia podemos observar como el ser humano se ha relacionado entre si de acuerdo a los cambios ocurridos en su contexto. Para que exista una comunidad deben existir un factor común que integre sus individuos, como vimos anteriormente estos lazos no siempre son emocionales debido a la individualización y el bien propio por encima del bien común. La agrupación social de los individuos tendrá lugar de acuerdo a las ideologías generadas en cada contexto y modelo económico dominante. 







[1] The Great Chain of Being, Cambridge: Harvard University Press, 1942, pag. 3.
[2] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 38.
[3] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 37.
[4] Citado por Williams, óp. Cit., pág. 25.
[5] Citado por John Morley en su biografía de Rousseau, Londres, 1915, II, pág. 132.
[6] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 90.

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