LA FORMACION IDEOLOGICA DEL INDIVIDUO COMO MODO DE AGRUPACION SOCIAL
El
ser humano en sus capacidades y reconocimiento como ser racional, pensante y crítico,
ha ido evolucionando a través de la historia hacia una ideología más
desarrollada y certera sobre la sociedad y sobre si mismo, que sustenta sus
supuestos en teorías propias, como resultado de la observación y el estudio
constante de si, en la interacción con el contexto y los demás individuos que
se relacionan en él. A partir de esto es necesario tener en cuenta que las
ideas formadas por el hombre a través del tiempo han sido generadas por la
estructura económica, política y social presente en cada época referida; dentro
de este marco ha de considerarse el mundo de las ideas como perspectivas
individuales en respuesta a necesidades presentes que no pueden ser reducidas
en la sociedad, puesto que las ideas son los elementos constitutivos del sistema
social. Cabe señalar que esta formación
ideológica en el hombre se ha visto afectada por fuertes fenómenos sociales
como la primera y segunda guerra mundial, la revolución industrial y la
revolución francesa, entre otros sucesos que citaremos más adelante, lo que nos
lleva a decir que este conjunto de acontecimientos han generado un pensamiento crítico
que busca explicar la subjetividad humana y sus formas de agrupación social
inconscientes en el contexto desarrollado.
Para
empezar, debemos reconocer que Arthur Oncken Lovejoy fue el
fundador del campo conocido con el nombre de historia
de las ideas, en el cual sustenta
que las ideas “irrumpen en los sistemas individuales más sólidamente
estructurados y los reduce, guiada por sus propios objetivos, a sus elementos
constitutivos, a lo que podríamos llamar sus ideas-elementos”[1].
Esto quiere decir que la subjetividad de la que parte, forma nuevas percepciones
individuales que generan nuevos conocimientos de la estructura social y nos
conlleva a crear distintos lazos sociales, como dijimos anteriormente las ideas
son respuestas a las necesidades propias de cada época, nacen de una afirmación
moral. Por ello se deben estudiar exclusivamente en esos contextos, sin embargo
se pueden hacer referencias a la actualidad, pero sin intentar modificarla, ya
que la estructura social, la época, y normas que nos rigen son diferentes. Según
Robert Nisbet, las ideas-elementos esenciales de la sociología son: la
comunidad, autoridad, status, lo sagrado y la alienación. Estas cinco forman
sin duda, la base de los estudios sociológicos acerca de la relación del hombre
con el hombre y de su formación ideológica de acuerdo a la estructura social
que lo rige.
En
el siglo XIX, nacen tres corrientes ideológicas posesionadas según los
problemas sociales que acontecen en la época, como la revolución industrial que
fue el mayor movimiento social e intelectual de la historia[2], y
la revolución francesa. Estas son: el liberalismo, con su devoción por el
individuo y su libertad individual (Spencer), el conservadorismo basado en la
tradición medieval, comunidad y religión (Le Play), y el radicalismo con el uso
del poder (Marx). “La índole de la comunidad, la localización del poder, la
estratificación de la riqueza y los privilegios, el rol del individuo en la
naciente sociedad de masas, la reconciliación de los valores sacros con las
realidades políticas y económicas”[3],
forman el conjunto de fenómenos sociales característicos de la edad moderna, en
los cuales se empieza a generar un pensamiento crítico-social acerca de la
influencia ideológica ocasionada en los individuos de una sociedad. Debemos
reconocer que el ser humano de manera inconsciente a través del tiempo ha sido
parte de la sociedad referente en cada época, y además a formado comunidades en
ella, de acuerdo a ciertos intereses comunes que en muchos casos ignoramos. Como
bien saben, la industrialización marco una gran brecha en la sociedad, entre el
pasado feudal y los nuevos modos de producción en la división del trabajo y los
status sociales. Anterior a esto, era más fácil hablar de comunidades
fraternales debido al poder ejercido por la iglesia católica y su continua
búsqueda por la igualdad social; en 1807, Robert Southey escribió: un pueblo
puede ser demasiado rico, pues la tendencia del sistema comercial, y más
específicamente del sistema fabril, es acumular riqueza más bien que
distribuirla.[4] En lo anterior claramente
vemos reflejado la desintegración social que ocasiono la urbanización en la
época industrial. El contexto gira en torno al capital, la propiedad privada y
la acumulación de riqueza, lo que causa que se pierdan los lazos emocionales
con las demás personas y se genere una individualización general en la
sociedad. Tenemos que la ciudad, como depósito de la industrialización se
convirtió en reflejo de la pérdida de identidad comunitaria. Como lo cita
Durkheim, se crean dos tipos de solidaridad en la época, la mecánica
caracterizada por las relaciones derivadas de la división del trabajo, es
decir, solo para potenciar o satisfacer las necesidades individuales, y la
orgánica aunque muy débil, basada en los lazos emocionales, teniendo como base
el seno familiar. El ser humano se vio envuelto en una pérdida de identidad
cultural y social que lo integraba y ajustaba a la sociedad. En otras palabras
no solo mecanizo su cuerpo al trabajo sino además mecanizo su espíritu y su
mente, a tal punto que no podríamos hablar de una verdadera comunidad en esta
situación, ya que se ignoraba todo proceso de integración social. Ignorancia
que decayó más adelante en Francia, cuando aconteció la primera revolución
profundamente ideológica, que buscaba un nuevo orden social, donde el ser
humano fuera respetado integralmente y fuera reconocido como una persona
poseedora de derechos legales, y se reconociera el valor de la democracia en la
sociedad. En este punto, el hombre vuelve a ser una persona crítica que busca
comprender el contexto y hacer valer sus ideales, pues se reconoce a sí mismo
como un ente integrador de la sociedad. “la transición de una nación oprimida
hacia la democracia es como el esfuerzo mediante el cual la naturaleza surge de
la nada. Hay que rehacer de nuevo un pueblo si queremos hacerlo libre, destruir
sus prejuicios, alterar sus costumbres, limitar sus necesidades, erradicar sus
vicios y purificar sus deseos.[5]
Según como lo declaro el comité de salvación publica, esta etapa era un renacer
para la sociedad, y para que funcionara y se cumplieran sus expectativas era
necesario crear un nuevo orden estructural que sentara sus bases en la defensa
de los derechos del hombre y en el reconocimiento de la igualdad social.
Hablar
de comunidad, es hablar del hombre concebido desde una totalidad, reconocido
como una parte de un todo en la interacción social. Interacción que en la
modernidad solo se fundamenta en la necesidad y deseo de lucro, el verdadero
cooperativismo actualmente no existe. Auguste Comte, critica acerca del papel
de la moral en la sociedad, como fuente de progreso en el orden social. Nos dice, que la familia es el núcleo
fundamental que nos integra con lazos emocionales a los demás, a partir de los
sentimientos y las relaciones fraternales que vamos creando desde niños. Sin
moral no puede haber una verdadera comunidad, el reconocimiento del otro en la
sociedad como fundamento en la interacción social. Según Le Play, las
poblaciones consisten, no en individuos sino en familias.[6] Es el arraigo social generado en las
relaciones sociales lo que nos hace conformar una verdadera comunidad.
Concluyendo,
el pensamiento ideológico de los individuos se fundamenta en la época y la
estructura sociopolítica enmarcada en el contexto al que se haga
referencia. A través de la historia
podemos observar como el ser humano se ha relacionado entre si de acuerdo a los
cambios ocurridos en su contexto. Para que exista una comunidad deben existir un
factor común que integre sus individuos, como vimos anteriormente estos lazos
no siempre son emocionales debido a la individualización y el bien propio por
encima del bien común. La agrupación social de los individuos tendrá lugar de
acuerdo a las ideologías generadas en cada contexto y modelo económico dominante.
[1] The Great Chain of Being,
Cambridge: Harvard University Press, 1942, pag. 3.
[2] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu
editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 38.
[3] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu
editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 37.
[4] Citado por Williams, óp. Cit., pág. 25.
[5] Citado por John Morley en su biografía de Rousseau, Londres, 1915, II,
pág. 132.
[6] La Formación del Pensamiento Sociológico, Nisbet Robert, Amorrortu
editores, Buenos Aires, 2010. Pág. 90.
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